Bruce Lee y el fin de las escuelas psicoterapéuticas

Ya he mencionado el paralelismo entre las artes marciales y la terapia. Es lógico: al fin y al cabo, ambas estudian cómo conducir las interacciones al mejor desenlace posible con el mínimo esfuerzo.

En otras palabras, tanto las artes marciales como la psicoterapia investigan la mejor manera de organizar la acción: aquellas los movimientos, esta el diálogo. Y por ende, identifican patrones recurrentes que aíslan, desmenuzan, reordenan y perfeccionan hasta alcanzar la máxima eficacia. En las artes marciales japonesas, estos patrones se llaman kata (“forma”); en psicoterapia, “técnicas” o “intervenciones”. En definitiva, las artes marciales son simplemente una forma de organizar la acción con la mayor eficacia y elegancia: lo mismo que la terapia

Las artes marciales se dividen en “disciplinas”, que a su vez engloban “estilos” que enfatizan distintos aspectos del arte del combate (fuerza vs. velocidad, armado vs. desarmado, patadas vs. puñetazos, golpear vs. aferrar, detener vs. desviar, etc.) Asimismo, la psicoterapia comprende “escuelas” o “líneas teóricas”, cada una con sus objetivos terapéuticos y formas de valorarlos, que enfatizan diversas “técnicas” en distintas secuencias: la “interpretación”, el “diálogo socrático”, la “catarsis”, la “integración de polaridades emocionales”…

A mi entender, este tinglado de escuelas y teorías está en decadencia y ha de dar paso a la investigación y descubrimiento de los principios fundamentales del cambio terapéutico, asociado con la construcción de un sólido modelo de la mente y sus correlatos neurales y socioculturales. Una tarea magna pero insoslayable.

Estilos y teorías: “desesperación organizada”

El legendario Bruce Lee llegó a la misma conclusión acerca de las artes marciales: es preciso trascender los “estilos” y descubrir la esencia de su funcionamiento. A partir de esta convicción creó el Jeet Kune Do:

No he inventado un “nuevo estilo”… aparte de este o aquel. Por el contrario, espero liberar a mis estudiantes del apego a estilos, moldes o patrones. Jeet Kune Do no es más que un nombre, un espejo en el cual contemplarnos a nosotros mismos… Mis movimientos son simples, directos y no clásicos. Lo extraordinario es su misma simplicidad.

El Jeet Kune Do no es un arte marcial que compita con los demás; es un conjunto de principios universales que subyacen a toda aplicación eficaz de un arte marcial. Por ende, Jeet Kune Do no se “opone” al karate, al kung fu, etc.; al contrario, los analiza y descubre sus principios activos, los secretos de su potencia y la fuente de su debilidad. Es la simplicidad absoluta, la elegancia definitiva.

Lee llamaba a la plétora de estilos “desesperación organizada”:

Cada hombre adscribe a un estilo que afirma poseer la verdad con exclusión de todos los demás. Estos estilos se institucionalizan al formular su propia explicación parcial de “la Vía”; cada explicación disecciona y fragmenta la armonía entre firmeza y suavidad, estableciendo formas rítmicas o patrones como la esencia de sus “técnicas”.
Así, en vez de alcanzar sin dilación el alma de las cosas, surgen formas llenas de florituras, desesperación organizada, técnicas artificiales que se practican ritualísticamente simulando un combate real. En vez de estar inmersos en el encuentro, sus adeptos “hacen algo acerca de” el encuentro.

Desesperación, porque el apego a técnicas y teorías rígidas anula la espontaneidad y encubre la inseguridad, el “y ahora, ¿qué hago?” Organizada, porque cada escuela se apropia de un elemento y descuida el resto; a medida que crecen las escuelas sus “formas” se van complejizando y diferenciando cada vez más, alejándose de la simplicidad originaria. Lee sabía que la técnica sirve ante todo para acallar el miedo:

De lo “viejo” uno obtiene seguridad; con lo “nuevo” uno alcanza la fluidez.

En psicoterapia, la “desesperación organizada” es el “fetichismo de la técnica“, alimentado por las múltiples teorías del “defecto de fábrica” que pueblan el mundo psi.

La libertad es la ausencia de apego

Lee aplica a las artes marciales la mentalidad taoísta y descubre que la libertad no consiste en la ausencia de formas sino en la ausencia de apego a una forma, la capacidad de adoptar diversas formas según lo requiera la situación:

Los patrones, incapaces de adaptarse, de fluir, son sólo prisiones mejor amobladas. La verdad trasciende todo patrón.

Por consiguiente, ninguna forma se rechaza, todas se aceptan. En función de la ocasión, cualquier movimiento puede ser eficaz, un “medio conveniente” (que los budistas llaman upaya) para alcanzar el objetivo:

El Jeet Kune Do favorece la ausencia de forma, de modo que puede asumir cualquier forma; y como el Jeet Kune Do carece de estilo, encaja con cualquier estilo. Como resultado, Jeet Kune Do utiliza todos los medios sin dejarse limitar por ninguno; usa cualquier técnica que conduzca a la meta.

La ausencia de una técnica estereotipada equivale a ser libre y completo. Toda línea, todo movimiento, son funcionales.

Lee entiende que la verdadera sabiduría es inefable, imposible de capturar en una doctrina o una masa de palabras, y que por tanto nunca se detiene:

El conocimiento está estancado; conocer, en cambio, es una acción en curso. El conocimiento viene de una fuente, de una acumulación, de una conclusión; pero conocer es siempre fluir.

La ausencia de apego es la naturaleza original del ser humano. En su función ordinaria, el pensamiento avanza sin detenerse; pasado, presente y futuro se unen en un flujo sin interrupciones.

Convierte las artes marciales en una expresión del wei wu wei:

El Jeet Kune Do evita lo superficial, penetra la complejidad, alcanza el corazón del asunto y señala los factores cruciales.

La simplicidad es la distancia más corta entre dos puntos.

El arte del Jeet Kune Do es, simplemente, simplificar.

Para el sabio, conocer es hacer

Se ha discutido mucho en psicoterapia sobre la relación entre práctica y teoría. Hay quienes piensan que son antitéticas: que los grandes teóricos son malos terapeutas, y los buenos terapeutas, pésimos teóricos.

Yo creo, por el contrario, que los malos terapeutas son también malos teóricos porque no piensan lo suficiente. Es decir, no llevan sus propias ideas y reflexiones hasta sus lógicas consecuencias; se detienen en alguna explicación basada en el déficit, algún concepto aparentemente profundo, que usan para justificar sus fracasos sin poner en cuestionamiento sus propias convicciones. Como repetía Gregory Bateson, nada hay más práctico que una buena teoría; pero las buenas teorías son las que crecen continuamente merced a la experimentación y la crítica.

Por tanto, para el buen terapeuta, conocer y hacer, pensar y actuar, son dos momentos del mismo acto, dos giros de la misma espiral. En la charla con sus pacientes o consultantes se (re)descubre -y a la vez se (re)inventa- a sí mismo. Pone en práctica la intersubjetividad radical que caracteriza al género humano.

Aquí, nuevamente, Lee se nos ha adelantado:

Relacionarse es comprender. Es un proceso de auto-revelación. La relación es el espejo en que te descubres a ti mismo; ser es estar-en-relación-con.

La técnica, lejos de ser la causa del cambio terapéutico, es un modo de ordenar eficientemente la propia acción:

El arte es una técnica para adquirir libertad.

La percepción es la respuesta

Cuando se alcanza semejante nivel de maestría, la duda y la inseguridad desaparecen y dan paso al “pararse y ver“. No es que el terapeuta lo sepa todo; al contrario, muy probablemente no sabe casi nada. Pero sus mejores intervenciones surgen espontánea y naturalmente de la esencia de su ser, sin pausa ni solución de continuidad. La mera percepción de la situación en que está inmerso suscita una respuesta apropiada y eficiente:

Estar consciente es carecer de elección, de requerimientos, de ansiedad; en ese estado únicamente hay percepción. La percepción por sí sola resuelve todos los problemas.

Y es eso lo que los budistas llaman “vacío“, la “indefinición que todo lo define” de Nicolás de Cusa, el “círculo cuyo centro está en todas partes”…

Un ideal trascendente y difícil, ¡digno sucesor de las escuelas terapéuticas!

9 thoughts on “Bruce Lee y el fin de las escuelas psicoterapéuticas

  1. Martha Pereira says:

    Creo que éste ha sido el texto que más me ha gustado de toda este serie, precisamente por su simplicidad y porque pone de manifiesto que son los principios subyacentes y vivos los que posibilitan el cambio.
    Como hemos conversado en ocasiones, en la educación, en lugar de pensar en las diferentes “escuelas teóricas” y sus técnicas propias, cada una con la propuesta de un mejor modelo educativo, sería interesante que se pudiera entender a la relación entre profesor-alumno y la posibilidad de generar independencia y libertad de pensamiento, como el principio activo de la educación.

    Te repito, me ha encantado éste texto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *