El Poder de la serenidad: contagio emocional y persuasión

El “contagio emocional” y el poder de la serenidad

Uno de los desarrollos más valiosos en el management actual es la aplicación de los hallazgos en neurociencia y psicología positiva: en particular, del papel crucial de la empatía y las neuronas espejo en las interacciones y la toma de decisiones. Las investigaciones de Sigal Barsade han llegado a una conclusión formidable: los estados de ánimo se “contagian” entre los miembros de un equipo y determinan las decisiones a las que llegan y los acuerdos a los que pueden aspirar. Es más: la compatibilidad entre los “estilos emocionales” de los miembros del equipo y sus jefes o coordinadores está directamente relacionada con la rentabilidad de la empresa y la eficacia del equipo.

Que emociones como la ira, la tristeza o el miedo se contagian es sabido desde siempre. Pero lo que descubrió Barsade, y lo verdaderamente fascinante de su trabajo, es que no sólo se contagian las emociones negativas: por el contrario, la alegría y el optimismo también son “altamente infecciosos” y se reparten a toda velocidad entre los colaboradores modificando los estados de ánimo y favoreciendo la flexibilidad, la objetividad y la competencia.

El experimento de Barsade

Barsade reunió a un grupo de estudiantes para que tomaran una decisión que los comprometía a todos. Sin que lo supieran, uno de ellos era en realidad un actor que mantendría el contenido de sus propuestas pero cambiaría el tono emocional con que las diría. Este tono podía cambiar en dos dimensiones: la “valencia”, ser positivo o negativo, por una parte, y ser muy intenso y energético o tranquilo y relajado, por otra.

La “valencia” tuvo el influjo que era de esperar: las emociones negativas enturbiaban la atmósfera, las positivas la aligeraban. Pero lo sorprendente fue el efecto de la intensidad. Cada vez que el cómplice actuaba con serenidad, incluso antes de que hablara, la atmósfera se distensionaba, los ánimos se apaciguaban, las personas se escuchaban con más objetividad y se esforzaban por llegar a un acuerdo beneficioso para todos. Es más: los efectos más potentes se daban cuando la intensidad era baja y la valencia positiva. Interrogados luego del experimento, ninguno de los sujetos acertó a atribuir sus decisiones al tono emocional imperante: es un mecanismo de influencia inconsciente.

Serenidad con aplomo: la auténtica fortaleza del líder

De lo que podemos concluir que la postura más poderosa es la serenidad con aplomo. A diferencia de lo que cree la mayoría de personas, la tranquilidad transmite dominio, competencia y poder; la ira, la envidia, el resentimiento, el sarcasmo, etc., transmiten debilidad y flaqueza porque indican que la persona se ha sentido herida por su interlocutor u oponente y que le hace falta menospreciarlo o ridiculizarlo para apuntalar su maltrecha autoestima.

Este influjo es inconsciente, involuntario y casi irresistible: el auténtico líder nos hace sentir esperanzados, seguros, capaces y tranquilos, haciéndonos partícipes de un sueño compartido que nos apasiona y motiva. Cuando las personas se muestran firmes y serenas, que no pasivas ni complacientes, pueden resistirse a la violencia y la brutalidad, hacer milagros y cambiar el mundo. Gandhi es el ejemplo más claro; pero también Winston Churchill, que mantuvo unido a un país asolado por una guerra desigual y sin cuartel entrando a cada casa a través de la radio con discursos brillantes y estremecedores y una voz firme, en ocasiones apasionada -pero siempre tranquilizadora:

Pues este es el verdadero líder: una esperanza hecha carne, un sueño compartido que nos hace identificarnos y proyectarnos al mismo punto. Cuando surge, las personas convergen hacia su mensaje: pues, mal que les pese a los políticos y los comentaristas, el pueblo no es tonto.

¿Cómo es que no nos damos cuenta del potencial de la serenidad? Porque, me temo, en la vida diaria casi nunca estamos en un estado de serenidad activa y generadora. Muy pocas personas se dedican a aprender el arte de gestionar las propias emociones: en vez de aprovecharlas, se dejan dominar por ellas.

Arte que es el corazón de mi propuesta de coaching. Pues quien sepa gestionar sus emociones poseerá una ventaja poderosísima a la hora de negociar, persuadir, gerenciar y liderar.

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