La ironía del menesteroso

Hay una ironía en nuestra vida, una ironía trágica pero inevitable: que quien más ayuda necesita es quien menos puede aprovecharla.

Hay innumerables ejemplos de esta máxima. Está la chica que pregunta constantemente a su novio: “¿me quieres?” “Sí”, responde él (al menos, las primeras ciento veinte veces). Ella, al cabo de diez minutos, reincide: “Pero ¿estás seguro?” “Claro”. “Pero seguro, ¿seguro?

Es el cuento de nunca acabar. La pregunta no tiene respuesta. Si ella supiera que él la quiere, no tendría que formularla; mas el hecho de que necesite hacerlo da cuenta de que ninguna evidencia puede satisfacerla. Conque por más alardes amorosos que intente su novio, nunca la convencerá del todo.
Y, por desgracia, lo que le hace falta con desesperación es sentirse amada -precisamente lo que jamás podrá obtener por esta vía, la única que conoce.

Pensándolo bien, es lógico que así sea: porque quien más ayuda necesita es siempre precisamente quien no sabe cómo conseguirla, o qué hacer con ella. No sólo carece de recursos: carece de la capacidad de buscarlos, solicitarlos o inventarlos.

Quien más ayuda necesita es quien necesita aprender a hacer buen uso de la ayuda.

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