Haz lo que quieras

C. S. Peirce

Proponía Peirce -un señor tan interesante como ignorado- una tríada de categorías para suplantar las famosas “cuatro categorías del entendimiento” kantianas: la Primeridad o cualidad, que “es lo que es sin referencia a nada más, fuera o dentro de sí”; la Segundidad o relación, la “ciega fuerza de lo que es distinto de la lógica o la razón”; y la Terceridad, o mediación, la “razonabilidad concreta”.

(Debemos recordar que para Kant -y para Peirce- las categorías eran condiciones universales de la inteligibilidad; esto es, de toda posibilidad de comprensión. De aquí que, en último término, tanto Kant como Peirce pensaran haber resuelto esa milenaria y compleja duda:

¿es posible el conocimiento?

Y que nosotros pensemos que, al fin y al cabo, no la resolvieron.)

Pues bien: Peirce caracterizaba la experiencia de la “segundidad” como “the outward clash” (algo así como “el choque con la realidad”).
Es la voluntad quien choca, claro: y la realidad quien le impide salirse con la suya.
Mas no una realidad cualquiera: la realidad exterior -la tosca y terca materia.

Rabelais

En los últimos capítulos de Gargantúa, Rabelais describe la abadía que el héroe homónimo funda para su amigo el fraile Juan: un edificio hexagonal cuyas costumbres son diametralmente opuestas a las de cualquier monasterio:

Toda la vida de los thelemitas se regía no por leyes, ni estatutos o reglas, sino que lo era según su voluntad y libre albedrío. Se levantaban de la cama cuando mejor les parecía; bebían, comían, trabajaban y dormían cuando querían. Nadie los despertaba, ni les forzaba en beber, en comer ni en hacer cosa alguna. Así lo había establecido Gargantúa, y su regla consistía en esta única cláusula: “Haz lo que te venga en gana”.

Que es precisamente lo que no podemos hacer por culpa de la Segundidad, la Exterioridad y la Materia…

La culpable

…que es la culpable.
¿O no?

Lo que Rabelais destaca es que, a diferencia de lo que suele pensarse, Fantasía no es un país caótico. Tiene leyes, las leyes del deseo; y son mucho más estrictas que las leyes naturales. No sólo se enfrentan a la voluntad: la someten.

Quien crea que en Fantasía “se hace lo que se quiere” se equivoca. Igual que entre nosotros, se hace lo que se puede, sin que sea posible escapar del Hado. Pandora podía abrir la caja, o no; pero no podía volver a encerrar en ella a todos los males del mundo. Si los molinos son gigantes no pueden hacer harina; y el Quijote no podía dejarlos en paz. Había de luchar contra ellos.

Pero el Hado no determina la conducta de los héroes, ni sustituye su voluntad. No es que los obligue a hacer o no hacer ciertas cosas; es que, independientemente de lo que hagan, tendrá lugar –o, mejor, a causa de lo que hacen, como en esta historia de la tradición árabe:

Una vez Azrael, el ángel de la muerte, entró en casa de Salomón y fijó su mirada en uno de los amigos de éste. El amigo preguntó: “¿Quién es?” “El ángel de la muerte”, respondió Salomón. “Parece que ha fijado sus ojos en mí” –continuó el amigo–. “Ordena entonces al viento que me lleve consigo y me pose en la India”. Salomón así lo hizo. Entonces habló el ángel: “Si le miré tanto tiempo fue porque me sorprendió verle aquí, puesto que he recibido orden de ir a buscar su alma a la India, y, sin embargo, estaba en tu casa, en Canaán”.

La fuerza del deseo estriba en que nada está por encima de él. Ya lo afirmaba Schopenhauer: podemos obtener lo que queremos, pero no podemos querer lo que queremos. Si la voluntad tiene un lugar, es el de asistir al logro del deseo; pero no puede modificarlo. Y, como enseñó Freud hace tanto tiempo, negarse a asumir un deseo es la mejor manera de enardecerlo.

Por consiguiente, uno no fantasea con lo que quiere, sino con lo que puede –que usualmente no es lo que a uno le gustaría desear.

Cuidado con lo que deseas: podrías convertirte en ello

En conclusión, al “outward clash” de la materialidad peirceiana habría que añadir el “inward clash” de no ser lo que se supone que se debería -o de no querer lo que se querría querer.

Lógica aplastante. ¡Lástima que a resultas de ella la Segundidad muera de hacinamiento!

2 thoughts on “Haz lo que quieras

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *