¡Éxito total!

El Seminario Internacional de Terapia Familiar Sistémica fue todo un éxito. Tuvimos alrededor de 90 asistentes durante los tres días: algunos de pregrado de varias universidades (acompañados por sus profesores), otros de posgrados en terapia familiar, y otros de distintas ciudades.

Primer día de seminario

Todos disfrutamos de la lucidez, claridad y profundidad de Juan Luis Linares, que presentó su modelo de intervención familiar sistémica basado en la conyugalidad y la parentalidad y lo ilustró con casos de su propia y vasta experiencia -no sin dar unas cuantas estocadas a los modelos estratégicos norteamericanos, tan ciegos ante la realidad de las emociones humanas.

Juan Luis en plena conferencia

Tuvimos también la oportunidad de invitar a Juan Luis a una cena con los docentes de la Maestría en Terapia Familiar Sistémica de la Universidad Politécnica Salesiana.

Cena con los docentes

Pese a lo agotado que estaba (habiendo trabajado casi toda la semana y un tanto afectado por la altura de Quito), Juan Luis participó activamente de la cena -que fue, como siempre, agitada y agradable.

Los docentes de la MIATEFAS y Juan Luis en la cena

Como parte de la Conferencia, la Directora de la Maestría, Dorys Ortiz, y yo mismo, presentamos los resultados preliminares de la investigación sobre “El Ser del Terapeuta/Interventor en Formación” a partir de la Técnica de Rejilla de la Teoría de Constructos Personales. Esperamos publicarla próximamente, una vez que hayamos podido reunir más datos y practicar más análisis comparativos.

Dorys, yo y Juan Luis en la exposición

Finalmente, y cumpliendo un acuerdo realizado en un encuentro en Lima el año pasado, Dorys hizo entrega a Juan Luis de la solicitud oficial de la Maestría en Intervención y Terapia Familiar Sistémica para formar parte de RELATES, la Red Española y Latinoamericana de Escuelas Sistémicas.

Entrega de la petición oficial de RELATES

En suma, el resultado fue mejor de lo que esperábamos. Confío en que este sea el principio de una colaboración fructífera entre RELATES y la Maestría, y de un cambio sutil pero fundamental en la manera de hacer terapia sistémica en el Ecuador.

Seminario Internacional de Terapia Sistémica

teoria ecologia mail.jpg

¡Juan Luis Linares ha llegado bien al Ecuador! Y dictará, como parte de la Maestría en la que soy docente, un seminario del jueves al sábado, sobre un tema que promete muchísimo y en el que lleva trabajando desde hace tiempo. Es la primera conferencia que dicta en Quito y estoy seguro de que será fantástica.
Un extracto de la biografía intelectual de Juan Luis, que fue mi maestro en Barcelona:

  • Licenciado en Psicología por la Universitat de Barcelona
  • Doctor en Medicina por la Universitat Autónoma de Barcelona
  • Profesor Titular de Psiquiatría de la Universitat Autónoma de Barcelona
  • Director de la Unidad de Psicoterapia del Hospital de la Sta. Cruz y San Pablo en Barcelona
  • Director y fundador de la Escuela de Terapia Familiar del Hospital de la Sta. Cruz y San Pablo
  • Presidente de RELATES: Red Española y Latinoamericana de Escuelas Sistémicas
  • Expresidente de EFTA: European Family Therapy Association
  • Autor (entre otros) de: Identidad y Narrativa: La terapia familiar en la práctica clínica; Del Abuso y otros Desmanes: el maltrato familiar en la terapia y el control

¡Poderlo traer ha sido formidable! ¡Estoy muy orgulloso de esto! Y espero que, por su intermedio, la forma europea, humanista, comprensiva y amable de hacer terapia sistémica comience a extenderse por este país, ¡que seguro lo necesita!

(Actualización: ¡la conferencia fue todo un éxito!)

Las familias también piensan, o del colmo de la terapia estratégica

La pausa y la estrategia en terapia
Uno de los puntales de la terapia estratégica es la pausa para “consultar con el equipo terapéutico” que observa desde el otro lado del espejo. Se supone que, durante dicha pausa, el equipo analiza la entrevista y perfila una “intervención” o una “estrategia” destinada (en función de la teoría que se asuma) a “cuestionar la epistemología de la familia”, “aumentar su implicación emocional mediante la confrontación”, “evidenciar los conflictos y lealtades subyacentes”, etc. Luego, el terapeuta vuelve a entrar a la consulta, pone en práctica dicha estrategia y (según el modelo clásico y para no “diluir” la potencia de la intervención) despide a la familia sin más “hasta la próxima cita”.

“¿De qué estarán hablando allí detrás?”
Es posible que este procedimiento genere cierta incomodidad en algunas familias; si es así, procuran no decirlo -¡son muy comprensivas con los terapeutas! Cabe imaginar, de todos modos, que las familias se preguntan qué hacen los terapeutas cuando no los están viendo -como se lo preguntaría cualquiera si supiera que van a hablar de él a sus espaldas. Pues bien: como testigo recurrente de estas escenas, me atrevería a responder que los terapeutas no hacen demasiado. Aunque también hacen más de la cuenta.

Me explico. Parte del proceso consiste en “elaborar hipótesis” que muestren la “circularidad sistémica” del síntoma, el por qué la hija deja de comer cuando el padre se encierra en su mutismo como respuesta a las veladas críticas de la madre. A continuación, un par de ejemplos de hipótesis perfectamente defendibles:

  • La hija, a través de su anorexia, se está sacrificando con el fin de desviar la atención de los padres hacia su enfermedad y no hacia sus conflictos maritales, derivados de la continua intrusión de la abuela paterna. Al mismo tiempo, mantiene a raya a la madre sin dejar de responder a sus constantes instigaciones en contra del padre.
  • La anorexia de la hija es un chantaje que permite equilibrar el juego de poderes de la familia, pues sostiene una coalición que ha establecido con su padre en contra de su madre, en dependencia de la que ésta ha mantenido con el abuelo paterno. El síntoma viene a ser una “huelga de hambre” con la que la chica amenaza a su madre cada vez que ésta pretende alejarse de su padre, y a la vez, mantiene al padre a distancia de la madre.

“¿Se lo puedes decir a la familia?”
Yo solía también proceder así, hasta que un día, uno de mis maestros, particularmente sagaz, interrumpió una de estas “hipótesis” preguntando: “y esto, ¿se lo podrías decir a la familia?” Y ante nuestras caras de perplejidad, continuó: “es que si no puedes, posiblemente no te sea de mucha ayuda, ni a ellos tampoco. ¿Qué les parece si nos dedicamos a pensar en cosas que sí podamos decirles?”

Entonces empecé a vislumbrar el valor de la terapia yin. Hacíamos demasiado, elaborando hipótesis cada vez más complejas y estilizadas para “explicar” el síntoma; y demasiado poco, pues nuestra “explicación” no nos permitía comprender a los miembros de la familia, resonar con su dolor y su pasión, hablarles desde el corazón y en términos que pudieran comprender.

Demasiado, pero muy poco en realidad.

El colmo de la estrategia: o las familias también piensan
Hoy he recordado esa escena a propósito de la siguiente viñeta (tomada de Problemas y Soluciones en terapia familiar y de pareja, de J. Carpenter y A. Treacher, quienes a su vez la tomaron de Brian Cade):


¡Fantástica! Porque saca a la luz el absurdo de la “estrategia” llevada al extremo: que las familias también piensan y, a veces, piensan acerca de sus terapeutas. Pero la teoría estratégica suele suponer o que no lo hacen o que lo hacen con menos “habilidad” que el terapeuta, que tiene que “engañarlos por su propio bien” o someterlos a una “contraparadoja terapéutica” para “forzarlos a salir del atolladero”.

No nos extraña, como terapeutas, encerrarnos durante media hora en una habitación a perfilar una “estrategia” para abordar a la familia; ¡pero nos parecería una aberración que la familia hiciera lo propio! Y sin embargo, estarían en su derecho; sin embargo, lo hacen constantemente -sólo que sin usar términos como “coalición”, “mistificación” y “jerarquías”.

Así, cuando deja de ser un aspecto para convertirse en la totalidad de la terapia, la estrategia sirve básicamente para distanciarnos de las familias -y mantener la ilusión de que podemos verlas “desde fuera”, elaborar “tácticas” y “modificar su estructura o epistemología”.

Porque, mal que nos pese, los terapeutas también somos humanos.

La mirada hacia adentro

Como ya hemos mencionado, uno de los precursores del concepto de “resonancia” en la terapia sistémica fue Carl Whitaker. Intenso, carismático y poderoso, Whitaker juntaba una profunda humanidad con un desvergonzado cinismo; era de opiniones fuertes y a veces extremas, y dejó como legado no tanto una “escuela” cuanto una “forma” de hacer terapia.

Como con la mayoría de los pioneros de la terapia sistémica -Bowen, Selvini-Palazzoli, Minuchin, Haley-, buena parte de su eficacia parece haberse derivado de su ingente carisma y su aplastante fama; sus transcripciones muestran frecuentes cambios de ritmo, temática y dureza emocional, ocasionales confrontaciones y numerosas intervenciones rayanas en la sátira. Cosas todas ellas discutibles y propias de un modelo yang donde el terapeuta es el protagonista, el audaz navegante de la balsa que escapa del naufragio, y la terapia un arte críptico y dificultoso que sólo unos cuantos magos consiguen dominar. Es ésta una imagen que, desgraciadamente, sigue siendo dominante; aún hay demasiadas vacas sagradas, demasiados seminarios, manuales, demostraciones in vivo e idolatrías. Demasiado yang, acaso; tal vez el péndulo esté a punto de volcarse en dirección del yin.

Sin embargo, Whitaker parecía más sensible que muchos de sus coetáneos a las facetas yin de la terapia y la vida; de ahí que señalara en muchas ocasiones la importancia de la personalidad del terapeuta y de su capacidad para descubrir en sí mismo el reflejo del dolor de las familias. En este sentido, su obra sirve de contraste a las escuelas estratégicas y comunicacionales que comenzaban a surgir por esa misma época.

Y contiene párrafos tan hermosos y sugerentes como el siguiente (en Danzando con la Familia):

En realidad existe una sola manera de “comprender” el complejo mundo de los impulsos y los símbolos. Y esa manera consiste en mirar hacia adentro. Sólo cuando usted puede identificar cierto impulso básico dentro de sí mismo, sabrá realmente si existe. Una vez que lo ha descubierto se vuelve real. Hasta entonces es solamente un bonito concepto o teoría, pero tiene poco valor para usted… Nuestra propia toma de consciencia del mundo de impulsos que albergamos es un requisito necesario para poder ver, no digamos comprender, el mundo simbólico de los demás. En la medida en que podemos enfrentarnos a las manifestaciones simbólicas múltiples de nuestros propios impulsos, podemos generalizar esta capacidad en el trato con los demás.