“No voto por Correa sino contra Noboa”, o el inexorable fracaso del voto negativo

Álvaro Noboa

Las últimas encuestas (que dan la ventaja a Rafael Correa) parecen indicar que la tendencia de los votantes ecuatorianos se ha invertido. Puede que a esto haya contribuido, por un lado, el apoyo de Chávez a Correa y, por otro, la decisión de Noboa de aproximarse a liderazgos tradicionales de la derecha ecuatoriana. Asimismo, puede que el cambio de discurso de Correa, ahora más cauteloso y conciliador, haya jugado en su favor.

Sin embargo, tengo para mí que la dinámica de este cambio, bastante comprensible en un país cuya opinión pública es frívola y oscilatoria y que puede pasar de venerar a un líder a asesinarlo en menos de un año (recordemos a Eloy Alfaro y a Jamil Mahuad), tiene que ver con la intensa campaña negativa que ha surgido en contra de Noboa en Quito.

Digo “ha surgido”, y no “se ha orquestado”, porque aunque no me cabe duda de que parte de ella ha sido producida (así se juega de sucio en toda campaña política), encaja bastante bien con la mentalidad quiteña, un tanto bienpensante y preocupada por las formas -que será sujeto de otro análisis, en la línea de este texto.

Ahora bien: las campañas negativas no se dedican a ganar votos para un candidato sino a minar los del otro. En esa medida, el aumento de votos por Correa puede no tanto obedecer a la creencia en sus ofertas de campaña (un tanto demagógicas) ni al apoyo a su línea de pensamiento, sino a la negativa a votar por Noboa. No hay un “me parece que Correa lleva razón”, sino un “¡jamás votaría por un &%$/%& como Noboa!”

Esto, el decidirse por “el menos malo” y no por el mejor, tiene implicaciones nefastas a mediano plazo, que podemos plasmar mediante el modelo del conflicto “evitación-evitación”.

Voto negativo y conflicto evitación-evitación

El problema del voto negativo puede resumirse así: cuando se vota en contra de una opción y no a favor de la otra, la opción elegida, tarde o temprano, deviene inaceptable.

Para entenderlo podemos usar un modelo de comportamiento propuesto por Dollard y Miller en su monumental Personalidad y Psicoterapia, donde intentaron unificar la teoría conductista con el psicoanálisis. En lo cual fracasaron, no sin antes abrir fértiles territorios de investigación para psicólogos, economistas y teóricos de la acción. Este modelo ha generado, entre otras cosas, un análisis de la adicción desde la teoría de la acción racional sumamente interesante y sugestivo.

El conflicto “evitación-evitación” surge cuando se obliga a una persona a elegir entre dos (o más) alternativas no deseadas. Esto la coloca en medio del siguiente (y simplificado) gráfico:

Conflicto de evitación-evitación

X e Y son las opciones a las que la persona puede alejarse o aproximarse (lo cual se mide en el eje horizontal). Puesto que son dos, el alejarse de una implica aproximarse a la otra, y viceversa. El eje vertical mide la repulsión que la persona siente por las opciones X e Y.

Naturalmente, a medida que se aleja de X, el rechazo disminuye (ya que deja de estar presente, real o virtualmente); y lo mismo sucede con Y. Es decir, la distancia está inversamente relacionada con la repulsión.

En esta situación (que desde la teoría sistémica se llama “doble vínculo“), la persona está condenada a oscilar eternamente entre X e Y (esto es, a moverse entre las líneas verticales punteadas). Cuanto más se aproxime a X, menos sentirá el deseo de alejarse de Y -lo cual le traerá cierto alivio; pero más asco experimentará por X, cosa que la motivará a distanciarse de ella -y caer en la órbita de Y. Y así, de X a Y y viceversa, en un ciclo interminable e infernal.

La situación actual, pues, podría modelarse así:

Conflicto evitación-evitación, Noboa-Correa

Es decir, que el asco que mucha gente siente ante Noboa es más intenso que los reparos que pueden tener por Correa, de modo que se encuentran más próximos a este último. Pero no porque sus propuestas les convenzan, sino sólo por la fuerza centrífuga ejercida por el otro candidato. Impulsados por esa fuerza, votan por Correa para librarse del que conciben como “mayor mal”.

Ahora bien: cuando la persona logra decidirse, casi siempre por la fuerza, hace de tripas corazón y abraza, digamos, Y para desvanecer su asco por X. Es entonces, una vez que X ha salido de escena, que comienzan a manifestarse las desventajas de haberse inclinado por Y. Al fin y al cabo, las políticas de Y tampoco le parecían convincentes. Y ya se olisqueaba su prepotencia por debajo de sus gentiles maneras… Y ¿qué es esto de ponerse por encima de los poderes? Etcétera…

En otras palabras: me temo que cuando hayamos votado nos encontremos en la situación cristalizada en este, nuestro último gráfico:

Conflicto de evitación a secas

O sea, condenados a favorecer políticas, planes, decisiones y acontecimientos que no nos gustan -pero que, en su momento, nos parecieron preferibles a los otros; y a un tris de arrepentirnos y dar al traste con nuestra decisión -y con la Constitución y la cada vez más tenue institucionalidad ecuatoriana.

En suma, atrapados en el círculo sin fin del voto negativo y el conflicto evitación-evitación.

¿Cuántas veces nos hemos visto en esta tesitura? ¿Cuántas hemos votado no por convicción sino por rechazo?

De ahí, tal vez, que a la vuelta de la esquina defenestremos al mismo que nuestros votos pusieron en el poder.

¿Cómo salir de aquí? ¡Ampliando el espacio de elección!

Pero eso es otra historia

8 thoughts on ““No voto por Correa sino contra Noboa”, o el inexorable fracaso del voto negativo

  1. Gaby says:

    Bien Esteban, muy de acuerdo, pero creo que la solución no la vamos a encontrar hasta dentro de una semana que tenemos que votar por uno de estos dos o por ninguno, así que por el momento muchos de nosotros tragamos duro. A mí me aliviaría (y sería más honesta) si votara nulo, pero a lo mejor el domingo sí voto por el menos peor; eso sí, yo sí soy de las que me trago mis palabras y no iré a quejarme ni menos a “patriótica y orgullosamente botarle” cuando sea un presidente mediocre en el mejor de los casos. Si voto nulo sí tendría mi cabeza más en alto, digámoslo así.

    Cada vez estamos peor en la institucionalidad y la política, eso lo hemos hablado… Me aterra cómo me recuerda a “La Ley de Herodes”. Ya ni siquiera tienen que orquestar una buena campaña para ganar, simplemente con atacar al precedente o al contrincante, con cualquier recurso de a luca, ya está.

    Siempre pensé que estaba bien que el voto sea obligatorio, yo siempre he votado asumiéndolo como un derecho y no un deber… (el ausentismo y la apatía de los venezolanos le puso en el poder a Chávez, creo yo – claro, otritos que luego sí salieron a quejarse por lo que pudieron evitar), pero a la luz de la “manipulación de masas” (burda y de a luca, insisto) que logra poner arriba a un par de demagogos y/o advenedizos, ya empiezo a pensar diferente. Así que un cambio interesante, sería dejar de que sea obligatorio. Que posiblemente la apatía y ausentismo de los ecuatorianos en las urnas igual permita algún bestia en el poder político, sí. Pero suena más honesto. O al menos los candidatos no tendrán que gastar millonadas en meternos el dedo en la campaña.

    Por otro lado, para mí es claro que esto de “atacar al precedente”, también funciona porque somos una sociedad así. Siempre partimos del supuesto de que el antecesor “fue cagando” algo, lo veía yo en la U, cuando estaba en la asociación escuela, lo ves en los sindicatos que no se modernizan y siguen viendo a los patronos como a capataces, lo ves en gente que entra a un trabajo y culpa al que estuvo antes de los errores en vez de echar para adelante, etc etc etc…. Entonces cualquier sujeto se sube en una tarmina a decir cualquier cosa en contra del prójimo y sentimos nuestro amor a la patria henchido de orgullo y reivindicación. Bullshit. (Me dan asco esos pseudo patrioterismos. Por otro lado, mi apatía en el tema tampoco es un ejemplo a seguir, lo admito…)

    En fin… soluciones más de fondo como educación, información, institucionalidad, honestidad, que toman más de una semana (o una campaña) en consolidarse, son las que realmente harían una diferencia en nuestra democracia. No sé qué proponerte en ese sentido así que termino acá el post. 😛

  2. dorys says:

    Interesante análisis de la situación política actual, patrón repetido hasta la saciedad en las últimas elecciones que nos obliga (nos condena?) a elegir un “mal menor”, que luego se demuestra que no lo fue…

    Las opciones?…. difíciles!!

    Coincido en que hay que ampliar el espacio de elección… el problema es hacia dónde?

    Me pregunto qué sucedería si los votos nulos superaran los válidos… Crees posible esta opción?… pero esto no nos dejaría más a la deriva que antes?

    Creo que merece reflexionarse y pensarse el hecho de los candidatos que proponemos… de qué manera podemos llegar a todos aquellos electores… a todos nosotros para empezar a dar un giro a esta situación?…

    Escucho cada vez propuestas de gente joven y… cuando se meten en política reproducen aquello que condenan…

    De qué manera entonces podemos variar y seleccionar aquello que pueda inducir o representar una diferencia y que se reproduzca hasta cambiar?…

    He ahí la cuestión… en qué parte del sistema podemos acentuar o introducir información para cambiar el sistema en su totalidad?… Pregunta a la cual todos nos hemos confrontado alguna vez…

    Volvemos a la cuestión del cambio… entonces. No tienen que cambiar ellos… somos nosotros los que tenemos que hacerlo..

    Dorys

  3. Hola!

    En efecto, no encontraremos la solución en una semana. Pero si no comenzamos a contemplar nuestros problemas con perspectiva, no la encontraremos nunca. Eso es lo que quiero decir: que, en nuestras mentes, lo urgente no deja lugar a lo importante.

    Casi siempre que se discuten estas cosas se pregunta: “bueno, y entonces, ¿qué hacemos? ¿Cómo generar un cambio?”
    Yo creo que preguntar eso, en ese punto, es parte del problema; es una muestra más de la impulsividad que nos caracteriza como sociedad. Antes de “hacer” nada, me parece, es fundamental entender lo que está ocurriendo. O si se prefiere, lo primero que debemos “hacer” es comprender.

    Este postulado brilla por su ausencia en el discurso público. Ni los periodistas, ni los editorialistas, ni el común se preguntan “¿qué va mal con el país?” -al menos, casi nunca; y cuando lo hacen no suelen ir más allá de las generalidades y los lugares comunes -“la corrupción”, “los políticos”, “el sistema político”, etc.

    Por su parte, quienes sí se lo preguntan, los académicos, se aíslan del discurso público en su torre de marfil; con lo cual, su discurso, por ilustrado que sea, carece de efectos.

    Entre los dos territorios hay, me parece, cierta esperanza, si conseguimos que se infiltren mutuamente.

  4. jonathan feican says:

    hola… Saludos.. pues yo si vote por Noboa.. Soy estudiante politecnico.ya fueramos un pais en vias de desarrolo y no como una nacion tercermundistas que somos y seguiremos siendo.Gracias

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