Desde Buenos Aires, sobre los resultados electorales

Viajar abre la mente. Y también impone perspectiva.

Pues desde acá, Buenos Aires, a donde acabo de llegar para quedarme un buen tiempo, resulta más fácil reflexionar sobre los últimos resultados electorales.

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“¿Cómo puede haber arrasado Correa?”

Hace alrededor de un mes fui invitado una vez más por Dayana Mancheno a “El Blog de la Radio” de Sonorama (103.7 FM) para hablar sobre la campaña y los posibles resultados electorales. Vaticiné que Rafael Correa ganaría en primera vuelta con un buen margen, seguido de Lucio Gutiérrez con alrededor de veinticinco puntos.

Y eso ha pasado, efectivamente, casi al pie de la letra. Aquí, la entrevista:

“Es que el pueblo es ignorante…”

Estos resultados han dejado pasmados a muchos analistas, a “la clase política” tradicional y a los ecuatorianos que no comparten el modelo autoritario del presidente Correa. ¿Cómo puede un presidente que insulta, irrespeta, divide y manda a la cárcel a la gente por no saludarlo ser tan popular? ¿Cómo es que ni el caso Chauvín, los escándalos del Miduvi ni la inflación y el desempleo han podido restarle popularidad?

La mayor parte da una explicación sencilla y, prima facie, convincente: “han votado por Correa las masas ignorantes, el pueblo que se ha dejado lavar el cerebro por el MPD y las cadenas radiales de los sábados, y los pobres que no hacen otra cosa que vender su voto al mejor postor”.

Sencilla, convincente -pero falsa y desesperanzadora.

La realidad es obvia; tanto, que se les pasa desapercibida a analistas, políticos y detractores del régimen. Es que Correa tiene razón.

Correa tiene razón… y las verdades duelen

Así es. Cuando fustiga a la partidocracia, cuando cuestiona a los medios, cuando ataca a los “pelucones”, Correa da voz a las verdades más dolorosas y vergonzosas de la historia ecuatoriana. Verdades que el ecuatoriano de a pie sabe por haberlas padecido él, sus padres y abuelos, en carne propia y de la manera más abyecta.

El Ecuador es un país clasista, elitista y racista. Menos que hace un par de décadas, sin duda; pero todavía extremadamente inequitativo. Más allá de las estrepitosas diferencias de distribución del ingreso, las prácticas cotidianas favorecen la creación y sostenimiento de “mafias”, pequeños grupos que se enquistan en determinados espacios apropiándose del poder y el acceso a los recursos. Como demuestran los resultados de la Investigación Confianza, este proceder se sostiene a sí mismo al generar grupos cerrados que luchan contra el resto de ciudadanos, organizados a su vez en grupos también excluyentes. En vez de la confianza reinan la suspicacia, la duplicidad y la marrullería, el “si no es para mí no será para nadie” y el “si tú ganas, yo pierdo“.

La realidad del Ecuador

Hagamos un “experimento mental”. Imaginemos a dos chicos recién graduados de la misma universidad. Uno es sumamente talentoso, motivado y prometedor; el otro un tanto perezoso y descuidado. Pero cuenta con un padre adinerado y “de buena familia”, mientras que aquel es de nivel socioeconómico medio-bajo. Ambos optan al mismo puesto en una empresa grande y bien valorada. Esa misma semana, el padre del segundo chico se encuentra jugando golf con el dueño de la empresa y le menciona de pasada el asunto. ¿Cuál de los dos conseguirá el puesto?

Ahora, una historia de la vida real. La misma empresa contrata finalmente a ambos chicos y otorgan al primero un puesto de gran responsabilidad. Éste se esmera y desarrolla varias propuestas que aumentan la base de clientes de la empresa y mejoran sus utilidades -contra las expectativas de su jefe inmediato y los gerentes del área. A los seis meses, el gerente de su departamento lo llama y le dice que, desgraciadamente, debe cumplir con los recortes de personal y prescindir de sus servicios a partir de ese mes. El chico sale de la reunión atontado. No sólo no le han agradecido por su valiosa contribución: ¡lo han despedido y se han apropiado de ella!

Así funciona el Ecuador, hoy por hoy; y si nos atenemos a los libros de historia, así ha funcionado desde hace siglos. Salvo excepciones, no importan el valor, la motivación y el desempeño sino cuál es tu apellido, de qué familia vienes, cómo te ves y quiénes son tus amigos. En todos los ámbitos, los “pelucones” o privilegiados cierran filas y no dejan entrar a nadie a su elitista círculo. Lo que se ha dado en llamar “cultura” pertenece a los pocos asiduos de galerías, exposiciones, tertulias y teatros, los que copan las editoriales y los espacios televisivos; casi todo trámite se facilita con un “padrino”; la política ha sido un toma y daca entre dos partidos grandes y dos o tres más pequeños y recientes; los mejores empleos se destinan a los hijos, sobrinos, primos y parientes…

En un plano más sociológico, ha existido un “pacto entre caballeros” que vinculaba a los medios de comunicación, la partidocracia y los grupos de poder económico -tres grupos artificialmente diferenciados cuyos miembros se solapan con frecuencia. Muchos partidos políticos (aunque quizá no todos ni en todas las ocasiones) han defendido en el fondo los intereses de los grupos económicos que los financiaban, otorgándoles contratos y privilegios desde el Estado; y los medios, a menudo partícipes de estas “tronchas”, han lanzado cortinas de humo, distraído a las masas y sostenido una fachada de respetabilidad y democracia.

Es esto justamente el contenido del discurso de Correa; e, insisto, en esto tiene toda la razón.

No se vota en el vacío, o “el pueblo no es estúpido”

No es que la gente carezca de ideales, o que sea una masa ignorante víctima de la manipulación, o que se haya dejado comprar por el despliegue populista. Todas estas “explicaciones” son en realidad excusas, justificaciones que los analistas y políticos damnificados se dan a sí mismos para no admitir los dolorosos hechos.

Yo, en cambio, parto del supuesto contrario: la gente no es estúpida. Puesta a escoger, elegirá la mejor opción entre las alternativas disponibles en ese momento del panorama político y desde su peculiar punto de vista.

No se vota en el vacío: se vota por Y contra X, o viceversa. Se vota por quien ofrece una solución a tu juicio viable a un problema a tu juicio urgente o fundamental; por quien se ve sincero en sus convicciones y capaz de ponerlas en práctica. Se vota por un líder; y pace Max Weber, el líder no es sólo carisma insustancial. Es una ideología hecha carne y hueso.

Una excelente descripción de Rafael Correa, que se sabe al dedillo las verdades dolorosas del Ecuador porque las vivió en carne propia -y las recuerda machaconamente en cada entrevista, cada arenga, cada aparición. ¿Quién no iba a preferir un presidente de “mano dura” que prometa acabar con los pelucones que nos han venido explotando desde siempre? ¿Cómo no votar por quien denuncia a voz en cuello lo que siempre has sufrido en silencio?

Y ¿qué alternativa a esto ofrecen Lucio Gutiérrez o Álvaro Noboa? Ninguna. Siguen haciendo campaña como si nada, proponiendo bajar los precios o subir los sueldos. Nunca responden a esta verdad dolorosa; y cuando lo hacen es para hacer promesas a todas luces imposibles. No infunden esperanza; en suma, siguen menospreciando a los votantes.

No hay peor ciego…

Lo más llamativo es la ceguera con que responden los líderes de la oposición. En vez de “El pueblo ha elegido: respeto su elección y continuaré trabajando por el país”, lanzan un “Lástima que la gente haya preferido las grandes billeteras y los discursos socialistas a las propuestas de fondo”.

Me recuerdan a un conocido que defendía la necesidad de restringir el voto sólo a los “educados”; que, casualmente, eran los que pensaban como él. No se daba cuenta de que la consecuencia lógica de esta estupidez sería enfurecer a los desfavorecidos, que se indignarían -y con toda razón- por la prohibición de participar en la toma de decisiones sobre su propio destino; y que la siguiente etapa sería una revuelta, una revolución sin duda violenta y brutal, para alcanzar por la fuerza de las armas lo que se les había negado por la vía del derecho.

Lo mismo han hecho las élites del Ecuador. Cuanto más ostentosamente disfrutaban de un festín mal habido, más envidia, ira y decepción producían en sus conciudadanos; que ahora se sienten reivindicados por la “Revolución Ciudadana”. Por ende, es a las élites a quien hay que responsabilizar de que el Ecuador se arroje al abismo de la violencia, el autoritarismo y el populismo. A las élites: no a Correa, al MPD, al “pueblo ignorante” o a la “manipulación propagandística”.

Pasar a la esperanza: aprender la lección y seguir adelante

Lastimosamente, aunque Correa haya acertado a describir los síntomas, no tiene ni idea del origen de la enfermedad o de la medicina para curarla. Como ocurre con tantas revoluciones bienintencionadas pero apresuradas, está reproduciendo las mismas prácticas de la partidocracia -y asociándose con peligrosos compañeros de cama. Los botines se siguen repartiendo, sólo que entre otras manos. Se sigue beneficiando injustamente a empresarios mercantilistas, pero no los de siempre. Y la vinculación con la guerrilla y el narcotráfico (ansiosos de un territorio que reemplace al que han perdido) penden como una nube negra sobre la seguridad del Ecuador. Vivimos, como de costumbre, “el último año de despotismo y primero de lo mismo”.

Sin embargo, hay luz al final del túnel, si así lo queremos. Si quieren revivir y fortalecerse, los partidos deben aprender algunas lecciones:

  • El juego de la política es hoy cualitativamente distinto. Correa ha sacado al gato encerrado; no se puede seguir tratando de ocultar sus maullidos.
  • Hay que admitir estas verdades dolorosas de nuestro país y construir a partir de ellas: no negarlas, opacarlas, justificarlas o ignorarlas, pues sólo la verdad nos hace libres. Los políticos del futuro tienen que contemplarlas abiertamente y desarrollar una forma de solucionarlas.
  • Conviene recordar que aunque proteica y confusa, la enfermedad del Ecuador tiene un mismo origen: la desconfianza en sus múltiples variedades. Los futuros líderes tienen que aceptar este diagnóstico y proponer una medicina basada en la esperanza, la comprensión, el diálogo y la innovación -no en la violencia, la envidia y la venganza.
  • Asimismo, los partidos del futuro deben dejar de ser meras máquinas electorales; los candidatos no pueden limitarse a repetir slogans vacíos y “pegajosos”. Hay que tener convicciones, no sólo “ideologías” o “intereses”; y deben ser intensas, apasionadas, sinceras. Hay que predicar con el ejemplo y cumplir lo que se promete -o atenerse a las fatales consecuencias.
  • Hay que ver más allá de la política, más allá de los resultados electorales, de las encuestas y el mercado de augures, estrategas y asesores. Hay que escuchar lo que dicen los votantes; que, cuando votan como lo han hecho ahora, ¡no pueden hablar más claro!
  • En resumen, el líder que pretenda plantar cara a Correa hará bien en recordar que el arte del liderazgo no consiste en hablar sino en escuchar. Ya lo dijeron los taoístas: “quien quiera conducir al pueblo debe irle a la zaga”.

19 thoughts on “Desde Buenos Aires, sobre los resultados electorales

  1. Gaby says:

    Muy bien amigo!!! Te ha hecho bien la perspectiva. Personalmente me has abierto los ojos pues si estaba miope y pesimista, ojalá vayamos aprendiendo a hacer mejor política y a contribuir – todos – a una mejor sociedad.

  2. ABAD RODAS MAGDALENA says:

    gracias por compartir esas apreciaciones, que nos dan luces para enternder mejor a los políticos y a la historia de los gobernantes, pero ni modo hay que apostar a la esperanza y el cambio.

    Feliz estadía en Buenos Aires.

    Un abrazo. Magui Abad

  3. alex says:

    Como siempre tus análisis sólidos y bien pensados. Te extraño Estibi, que te vaya super bien en Baires… En NY el verano está empezando. Visítame algún rato 🙂

  4. azul says:

    me uno a saludar esta entrada, Esteban. creo que sería bueno que entre tus lectores hubiera más de esos que no quieren ver la realidad…

    las elecciones no son concurso de conocimientos; son, en términos generales, la medida de las preferencias agregadas de los votantes. eso de “el pueblo” es un facilismo muy conveniente. no vota el pueblo, votan individuos. si para unos votar por lucio en estas elecciones era la opción racional (la que maximizaba su interés, para usar la jerga económica) no tanto por lucio mismo sino contra “cualquiera que vaya segundo y le haga contrapeso a correa [que atenta contra nuestros intereses]”; entonces, como bien, señalas, ¿por qué pretender descalificar el voto de otros para quienes votar por correa era la opción que maximizaba sus intereses?. el vendedor de papas del mercado podrá no saber articular lo que es la ley de oferta y demanda, pero eso es porque es analfabeto funcional no porque es irracional. el que pretenda negarle a la mayoría de los individuos de este país la posibilidad de participar en la decisión de quién los gobierna no solo es antidemocrático sino, ¡ejém! irracional pues, por las razones que claramente indicas. en el futuro no tan lejano se armaría la revolución porque “el pueblo” será ignorante pero no tonto.

    Ahora bien, Esteban, lo que te pediría es que ampliaras en aquello de la confianza y su falta como causa de la situación. ciertamente hay entre los ecuatorianos una desconfianza muta bastante arraigada. pero ¿eso explica todo?, ¿no será la desconfianza el efecto de causas más fundamentales?

    no tengo datos precisos pero recuerdo haber leído alguna vez de un ejercicio que hicieron en el metro de madrid. primero ponían a un tipo con facha de mendigo a pedir dinero para completar la tarifa del viaje, a los pasantes; después pusieron a un tipo (no sé si el mismo siquiera) con traje de ejecutivo a pedir lo mismo. en el experimento ambos pedían con la misma cortesía y la misma excusa. el segundo fue más exitoso. la pregunta era qué motivaba a los pasantes a darle, con más facilidad, al bien vestido que al mendigo. creo que una pregunta consideraba el factor confianza: al bien vestido le creían; al facha de medigo no aunque usaba la misma excusa; de éste pensaban que mentía, que pedía por profesión.

    un ejemplo criollo de “profiling” es el caso de los ladrones de ceibos norte en gquil. no sé si conoces el caso. tres muchachos que estruchaban casas en una urbanización cerrada y con guardianía. al parecer los guardias no sospechaban de ellos por su aspecto de jóvenes de clase acomodada. más aún, cuando los capturaron mucho se especuló sobre la “razón que motivaba a estos chicos que lo tienen todo”. especulación que, obviamente, sus abogados trataron de explotar con teorías psicológicas que en el pero de los casos los mandaría a un hospital y en el mejor les aseguraría impunidad. situaciones como ésta (aun cuando en este caso, la teoría psicológica creo que no prosperó)no hacen sino confirmar las percepciones de que “la justicia es solo para el de poncho”, que “el pobre va a la cárcel, el rico al hospital o a miami” o que “el que tiene padrino se bautiza”. todas, manifestaciones de desconfianza, sin duda. mi pregunta es si la tarea de empezar a desarrollar confianza no implica tomar a la confianza como síntoma o efecto de algo o algos más profundos no como causa.

    saludos.

  5. azul says:

    ups, errata: en el segundo párrafo, cuando hablo sobre las elecciones y conocimientos me expresé mal. me refiero a los votantes y en ese caso creo que es más apropiado decir “el objetivo de las las elecciones no es medir los conocimientos (académicos, digamos) de los votantes”. tanto así que no se necesita leer ni escribir para votar.

    donde dice “en el pero de los casos”, último párrafo, 7a línea, debe decir “en el peor de los casos.”

  6. Hola!

    Gracias por tus cumplidos. Sí, yo también creo que mucha gente se beneficiaría de leer este tipo de cosas. Sin embargo, precisamente una de las características del ser humano es rehuir las situaciones que amenazan con desmentir sus convicciones más profundas.

    Yo, por mi parte, considero que esto es racional, si bien no siempre apropiado ni “maximizador”. Por eso, entre otras cosas, creo que hay que modificar sustancialmente la noción de “racionalidad” en la teoría económica actual, demasiado apegada a la “función de utilidad” y la simplificación.

    Los ejemplos de “profiling” que apuntas son muy pertinentes para el problema de la confianza.

    Sobre si es causa o efecto, la investigación sugiere que la inclinación a la confianza o suspicacia se forma en los primeros seis u ocho años de vida -aunque pueda modificarse después sustancialmente en el contexto de una “revolución personal”. Mi impresión es que, en el caso del Ecuador, forma parte de un “cluster” de actitudes heredadas de las comunidades andinas ágrafas, por un lado, y los conquistadores españoles, por otro. El Sur de Italia, también caracterizado por su baja confianza interpersonal, tuvo asimismo una historia de dominación por parte del católico Imperio Español.

    La confianza interpersonal en los intercambios económicos parte de una visión “ganar-ganar”; la desconfianza, de una creencia en que la vida es un juego de suma cero. Y para muchas comunidades pre-modernas, ancladas en la escasez y la economía de subsistencia, ¡efectivamente es un juego de suma cero! He aquí otra fuente histórica de la suspicacia.

    Un saludo,

  7. azul says:

    gracias por la atención.

    comparto lo de superar la concepción economicista de racional. resulta en una visión muy pobre del ser humano, sus objetivos, aspiraciones, y de la vida en grupo. también me parece que ni en la concepción limitada de “racional”, eso de que “el pueblo vota irracionalmente” se sostiene…

    en cuanto a la confianza o su falta es bastante interesante lo que dices. reviso los resultados de esa investigación y regreso. ¿la investigación propone guías sobre cómo encaminar revoluciones individuales en un país en el que, si te sigo bien, la historia predispone a la suspicacia?

    saludos,

  8. Me agrada mucho que estes escribiendo……..recién me entero por mi hermano. Te felicito y te envio un fuerte abrazo. Sería bueno hacer un grupo para comentar sobre la realidad del país y sus consecuencias.

    Me parece un análisis totalmente válido el que haces. Independientemente de la postura ideológica de la que ahora tanto se habla en el país, este “fenómeno” mas bien se compadece con una realidad, típica de los latinoamericanos y no muy lejana de los países mas “desarrollados”.

    El problema pasa por el manejo de poder, el cual en el Ecuador nunca se lo ha transferido de una forma mas democrática. La “descendencia” española sigue causando estragos y el verbo se ha convertido en carne desde la época de la colonia. Sin embargo también ha puesto su parte nuestra condición indígena latinoamericana que no termina de levantarse y dejar a un lado la vagancia, prima hermana de la ignorancia que tanto daño le ha hecho al desarrollo del país.

    Correa le aposto a un modelo de gasto expansionista, el famoso modelo “keynesiano”, inicio su Gobierno con dos importantes aliados, una alta popularidad y un precio de petroléo de mas de cien dólares. Los medios de comunicación dan cuenta del “despilfarro” de recursos de parte del Estado y la poca previsión con manejo de “economías anticíclicas”. Primera mentira. Se habla de que el Ecuador tuvo importantes recursos de aproximadamente 20 mil millones de dólares. Segunda mentira.

    La verdadera realidad es que el Ecuador tuvo un flujo neto de entre seis y ocho mil millones de dólares, los cuales en mas del 50% fueron utilizados en inversión de capital.

    Dicho en palabras mas sencillas, si tu tienes un trabajo y ganas diez mil dólares anuales pero tu jefe te dice que tienes un ascenso y que vas a ganar un variable de diez mil dólares dependiendo de tus resultados, tienes dos opciones: o te gastas la plata viajando y divirtiendote, compras un nuevo auto, etc. o la otra opción es que inviertas en un negocio que sepas que puede funcionar, p.e. compras un tractor para que lo alquiles y ganes una plata adicional. Esto último es invertir en bienes de capital y que mejor inversión que el Ecuador cuente con mejores profesores, hospitales con mejores equipos, carreteras en mejor estado, etc. EL CAMBIO DEL ECUADOR PASA POR LA EDUCACION.

    La mala noticia es que Correa se quedo sin plata producto de la famosa crisis internacional, es decir,
    el jefe le dijo al mismo personaje del ejemplo relatado, que ya no iba a ganar un sueldo variable y que volvia a sus diez mil dólares anuales.

    A las personas se les conoce cuando tienen una situación crítica y ese precisamente es el nuevo escenario de Correa. Como el país todavía no tiene la capacidad para autogenerar su propia riqueza a pesar de todas las inversiones que venía haciendo en los dos años de su Gobierno existe solo la via de reducir gastos en donde hay dos opciones: pasarle la factura a los mas pobres (mas del 65% de este país) via eliminación de subsidios, incremento del IVA, etc. o empieza a democratizar las pérdidas. Ya Napoleón comento alguna vez que la “justicia no es igualdad” asi que esta democratización debe ser escalonada y con pesos ponderados dependiendo de la distribución de la riqueza. Pienso que lo que va a hacer es esto último. Correa, por su conocimiento profundo de economía, y, conciente que su 51% son votos duros que representan la clase mas pobre de este país, va a transferir las pérdidas a la clase pudiente, que mal contado, no llegan a ser mas que 4 familias en el Ecuador.

    Creo que el éxito de Correa responde a su consistencia entre lo que dice y lo que hace, estemos o no de acuerdo con eso. Lastimosamente en el Ecuador no ha existido ni creo que existirá la posibilidad de los consensos. La gente habla de un desequilibrio de poderes, pensando que un Presidente de la República del Ecuador los tiene. Nada mas alejado de la realidad. Lo últimos diez presidentes han estado del mismo lado. Esto cambió, empezamos a ver ahora que el poder económico de este país ya tiene su coteja: el verdadero poder político de un presidente.

    La ecuación es simple para el mundo occidental. El poder es directamente proporcional a la cantidad de dinero con que cuentas. Hasta que te encuentras con el poder de la belleza o el del conocimiento. De los tres, el único que no tiene fecha de vencimiento es el último. Y ese es el que tiene nuestro actual Presidente. El sabe lo que Alvarez Grau nunca supo.

    Es un choque de trenes, es el poder del conocimiento contra el poder del dinero. Estan claramente identificados los jugadores y la cancha.

    Por primera vez en nuestra nueva era “democrática” seremos testigos de una verdadera lucha interna entre estos actores. Y los pronósticos son reservados…….

    El presidente y estas cuatro familias estarán sentados en un auto. Él de piloto y, los demás de copiloto. Si le meten la mano al volante se pueden caer en el barranco.

  9. Hola!

    Gracias por tu comentario y tus cumplidos. Me alegra que mis escritos susciten respuestas profundas y valientes!

    Para serte franco, yo no me fío en lo absoluto del modelo Correa. Todos los autoritarismos son iguales; todos destruyen las redes sociales que conforman una comunidad. Por eso, cuando se caen, se llevan consigo media sociedad.

    Es cierto que está haciendo un contrapeso a los poderes fácticos que siempre se han repartido el Ecuador. Pero lo hace apropiándose de todo el poder político y de todas las instituciones. La historia demuestra que estos experimentos nunca terminan bien. En el fondo, las revoluciones autoritarias no cambian la forma de hacer las cosas, sólo las manos que se apropian del botín.

    Sin embargo, por su historia, la mayor parte de ecuatorianos creen que lo que necesitamos es justamente “mano dura”. Comparten tu creencia de que “los consensos no funcionan en el Ecuador”, de que se requiere de un (casi) dictador para destronar a las élites. Lo triste es que cuando el dictador las ha destronado suele ponerse a sí mismo en su lugar, como podemos ver en las actuales sociedades “revolucionarias”, secuestradas por líderes que se eternizan en el poder.

    Así pues, es comprensible que los ecuatorianos crean en la “mano dura”, y no cabe censurarlos por eso. Pero sí señalar que la historia demuestra que la “mano dura” nunca es la solución, sino un remedio peor que la enfermedad. Y apuntarles la existencia de alternativas viables.

    Viables, claro, siempre y cuando se arriesguen a creer en ellas -o al menos a no descalificarlas de entrada con cosas como “eso no funciona aquí” o “nosotros somos diferentes”. La única razón por la que no se pueden hacer consensos en el Ecuador es, simplemente, que la gente cree que no se puede. Y que, por ende, actúa mafiosamente.

    Finalmente, me temo que quien pagará los platos rotos no serán las élites sino la clase media. No recibirán subsidios pero tampoco tendrán los recursos para afrontar períodos prolongados de desempleo o inflación acelerada.

    A propósito, justicia sí que es igualdad: igualdad ante la Ley. Napoleón no era, precisamente, un modelo de democracia y respeto a los derechos humanos.

    Abrazos,

  10. Azul:

    Espero tus comentarios luego de revisar los resultados.

    Sobre la vía de salida, los cambios, tanto individuales como colectivos, requieren de dos condiciones imprescindibles: consciencia y compromiso. Uno debe prestar atención disciplinada y voluntaria a lo que hay que cambiar y debe comprometerse a cambiarlo en la vida cotidiana, un paso a la vez, empezando por lo más pequeño.

    Tanto en lo individual como en lo social, esto supone un acuerdo entre diversos “actores”: los diversos deseos e intenciones del individuo y los intereses distintos y a veces contrarios de las clases sociales. Así, todo cambio social implica negociar un consenso entre los actores políticos y sociales, un consenso vinculante y que no dependa de los azares de las elecciones o la economía.

    Un buen ejemplo contemporáneo es el cambio liderado por Obama en la política internacional americana: The Mellow Doctrine.

  11. Diane de Quiqueran-Beaujeu says:

    Brillante, Esteban! Comparto totalmente contigo y espero regreses al Ecuador pronto.

    Creo en la luz al final del túnel!

    Un fuerte abrazo,
    Diane

  12. Un avance: estoy por publicar un artículo sobre la confianza y el desarrollo en una revista virtual de pensamiento social. En cuanto salga lo vincularé desde aquí…

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